sábado

La fatalidad de la Arena./La estatua débil./El Fuego del Caos.

La fatalidad de la Arena.

Las certezas más agobiantes son las que brotan de la irresistible necesidad de vivir. Es como tomar furiosamente un puñado de arena: la palma y los dedos temblando de ira, de pasión. Pero la arena escapa. Es por eso que los habitantes del desierto ya no desean contener la arena, porque no tienen dedos, sino garras, patas y pinzas.

Y justamente fue por eso que cuando un extranjero ansió poseer toda la arena del mundo, los habitantes del desierto enfurecieron.

Y el extranjero se defendió apenas balbuceando:

- Pero seguramente no será para tanto.

Y los habitantes del desierto lo miraron furibundos, pero no lo atacaron. Tanto hacía que habían aprendido a no desear el deserto que ya no les importaba nada.

La estatua débil.

Bajo el horripilante cielo tormentoso y la lluvia torrencial, la estatua de arcilla se deshacía en lágrimas de barro, formando charcos y lodazales donde se reflejaba la tormenta, de la misma manera que los sueños de Ariel, que permanecía callado.

Durante horas, el observador casual habría dicho que los truenos eran sus gritos, que la lluvia su llanto, y que las nubes negras su alma

Y ciertamente así era. Ariel lo sabía.

Pero permanecía callado, mudo de tristeza. Y la estatua, ya derretida y deforme, encorvándose sobre si misma, eructó. Luego se derrumbó.

Pero Ariel ya se había derrumbado hace mucho.

El Fuego del Caos.

Porque cada noche se para enfrente de un enorme lobo. Su vientre se inflama de fuego salvaje, primitivo. Sus ojos brillan con el resplandor de la primer antorcha encendida, la que brilló e iluminó el mundo entero. Así era la hermosura de la infinita capacidad de crear y destruir, y reedificar todo bajo las llamas del Caos, la energía verdadera, de la cual surgieron todos los dioses.

Y la noche tiembla ante esa luz invencible, y el Gran Lobo Gris, el señor de la bruma y la asfixia, teme por su vida ante aquel que esta parado enfrente suyo. Es el portador del Fuego del Caos, y con un ultimo suspiro comprende que la suerte esta echada.

Un grito hace temblar el mundo desde sus cimientos, el Lobo aúlla y el Fuego explota y salta como mil serpientes de oro, que se enroscan alrededor del cuello del Lobo, tapando su último suspiro con fuego y gritos.

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